Es un compañero fiel de nuestras andanzas diarias y una sombra que nos abraza en los peores momentos... Referirnos con esta descripción a una persona sería positivo, pero estamos hablando del estrés.
Su fama ha hecho que se lo considere (omitamos la pandemia) como la “enfermedad del siglo XXI” y que existan efemérides específicas para promover hábitos saludables que contrarresten sus efectos. Entre ellas, hoy se conmemora el Día Mundial de la Relajación.
“El estrés es una respuesta neurofisiológica de nuestro organismo ante situaciones de peligro o amenaza. Es natural que todos lo experimentemos al presentarse un hecho o desafío que despierte tensión por su dificultad o novedad”, explica la psicóloga Natalia Alonso.
Sin embargo, los peligros aparecen cuando este estado se perpetúa en el tiempo. Ahí aparece el estrés crónico.
“Por nombrar algunas consecuencias de este estado podemos sufrir una merma en nuestras defensas, tener insomnio, ver brotes de acné o eccemas y padecer trastornos de ansiedad o depresión. Sumado a contracturas musculares, dolores de cabeza, bruxismo o estreñimiento”, detalla. Por otra parte, hay una mayor propensión a cuadros de diabetes, hipertensión e insuficiencias cardíacas.
A la hora de buscar soluciones, una de las principales trabas es la naturalización del cuadro. “Con la cantidad de responsabilidades que deben sortear en el ámbito laboral y relacional, la gente se ha acostumbrado a vivir con esta presión o angustia en la espalda. El resultado es pensar que el asunto se resuelve con solo quejarse por WhatsApp, hacer un maratón de Netflix, tomar una cerveza en piyama o dormir bastante al día siguiente”, comenta el psicólogo Guillermo Hernández.
Según Alonso, lo curioso es que los jóvenes son los que más se preocupan por evitar llegar a estas instancias. “Esto se debe a un mayor acceso a la información sobre alimentación, ejercicios y vida sana. Además de existir nuevos ideales de éxito profesional y personal que comulgan con lo fitness y el bienestar integral entre mente y cuerpo”, reflexiona.
Yoga y elongación
Para intentar frenarle el carro al estrés, una de las sugerencias es probar con el yoga. “En Tucumán son muchísimas las propuestas disponibles. Por ahí, esta disciplina suele asociarse a clases con movimientos lentos y monótonos. No obstante, hay una infinidad de alternativas que permiten mover el cuerpo y hacer cardio”, explica la profesora Mirtha Ledesma.
Los resultados nos brindan una mayor elasticidad, ligereza en el cuerpo y resistencia física y una mejora en la coordinación motriz y la concentración.
Para arrancar con la práctica Ledesma sugiere recurrir a un profesional que pueda indicar la posición correcta de cada secuencia, con el objetivo de evitar movimientos demasiado bruscos, lesiones o calambres.
“Lo mejor es arrancar con sesiones de corta duración (cinco, 15 o 20 minutos) hasta que nuestras articulaciones cedan y empecemos a focalizarnos en cada acción en vez de estar con la cabeza en las nubes. Lo positivo es que los resultados se notan en apenas un mes”, afirma.
La meditación es otra de las prácticas que cosechan un montón de adeptos entre los tucumanos. Sus principales beneficios se dan a través del control de la respiración y la posibilidad de lograr aquietar la mente de las tareas pendientes y responsabilidades.
“La esencia de meditar es lograr focalizar nuestra mente en el presente y dejar de deambular entre los recuerdos del pasado o la ansiedad del futuro. Lo que se ofrece es una desconexión activa en la cual aumenta nuestra conciencia personal y atención plena”, sintetiza la coach Maira Ponce León.
En este sentido, la instructora de “El arte de vivir” afirma que existen bastantes preconceptos sobre esta práctica. “Muchos se imaginan que pasamos horas enteras diciendo ommm o hay que quedarse inmóvil en un sitio y con la mente en blanco. Esto es erróneo. Las meditaciones apuntan a diferentes caminos y hay algunas específicas para mejorar el estado de ánimo, calmar dolores o ayudar a la digestión”, argumenta.